El síndrome postvacacional no siempre es por la vuelta al trabajo

Fatiga, apatía y sueño poco reparador al volver de vacaciones tienen nombre popular, síndrome postvacacional, aunque suena más grave de lo que es. Diana Arias, psicóloga colaboradora de Respira Project® explica cuánto dura la adaptación normal y cuándo ese malestar esconde en realidad algo que ya generaba incomodidad antes de las vacaciones.

Fatiga, apatía, dificultad para concentrarse, sueño poco reparador. Diana Arias, psicóloga colaboradora de Respira Project®, describe así el conjunto de síntomas que aparece al volver de vacaciones: «No tiene entidad clínica, no es un trastorno ni una enfermedad». Se conoce popularmente como síndrome postvacacional, aunque el nombre suena más grave de lo que en realidad es.

Los síntomas tienen una explicación bastante lógica. «Tras un periodo de disfrute, de horarios flexibles, planes divertidos y estimulantes, de tiempo compartido con gente querida, de tiempo dedicado a uno mismo, sentir tristeza y nostalgia cuando eso termina es algo normal y esperable», explica Arias. La vuelta a la rutina implica horarios más rígidos, obligaciones, relacionarse con gente no elegida y, casi siempre, menos tiempo dedicado al descanso y al autocuidado.

El plazo de adaptación varía bastante de una persona a otra. «Es normal que necesitemos unos días, entre 2 y 10, para adaptarnos de nuevo a los madrugones, a los horarios marcados por el trabajo, los coles, las obligaciones familiares y de la casa», señala Arias. Hay quienes apenas notan el cambio, otros que ya sienten esa incomodidad los días previos a la vuelta y empiezan a gestionarla antes, y quienes lo pasan peor cuanto más les cuesta adaptarse a cualquier cambio en general.

Para el cerebro, cualquier cambio resulta perturbador, incluso el que parece deseado. «Incluso el cambio de la rutina a las vacaciones es incómodo para nuestro sistema nervioso. La diferencia es que tener tiempo para actividades que nos apetecen, para descansar, hace que esa incomodidad se transite más fácilmente. Que nuestro sistema nervioso se regule y vuelva a la calma con más facilidad», explica Arias.

Cómo facilitar la adaptación

Organizar los asuntos de la rutina antes de que llegue el primer día es una de las estrategias que más recomienda Arias. «Ir pensando y organizando asuntos de la rutina los días previos, adelantar la vuelta un par de días para que los cambios sean paulatinos no de golpe», explica. El cambio brusco de un día a otro es lo que más cuesta al sistema nervioso; distribuirlo en varios días suaviza esa transición.

Mantener planes de ocio, autocuidado y descanso no debería ser algo que se recupere solo tras las vacaciones. «Mantener momentos y planes de ocio con amigos, autocuidado, descanso, actividades deportivas y en la naturaleza, no solo tras las vacaciones, sino mantenerlos e integrarlos en la rutina», señala Arias. La clave está en sostener el equilibrio entre las obligaciones y aquello que cuida, con constancia, no solo en los primeros días de septiembre.

Cuándo el malestar va más allá de lo esperado

Si la incomodidad se prolonga mucho más de lo habitual, conviene mirar más atrás, incluso antes de las vacaciones. «Sentir apatía, tristeza, ansiedad o irritabilidad por volver a una situación que ya de antes generaba malestar es hasta adaptativo», explica Arias. El descanso y la desconexión pueden hacer más visible un malestar que ya existía: con el trabajo, con la ciudad en la que se vive, con una relación o con la ausencia de algo importante en el día a día.

«Tras un periodo de descanso, disfrute y conexión, puede hacerse más evidente el malestar que genera estar en ese trabajo, viviendo en esa ciudad, estando en esa relación o no incluyendo en tu vida cotidiana tal o cual actividad», resume Arias. En esos casos, el problema no es la vuelta en sí, sino aquello a lo que se vuelve.

Cuando esa sensación se mantiene semana tras semana y no cede con el paso de los días, Arias recomienda buscar ayuda profesional. Un psicólogo puede acompañar a identificar qué hay detrás de ese malestar y a gestionar lo que suponga, algo muy distinto de esperar a que el síndrome postvacacional se resuelva solo con el paso del tiempo.

Artículo publicado originalmente el 5 de septiembre en la revista MujerHoy por la periodista Sandra Hernández. Si sientes que el estrés y la ansiedad están afectando tu bienestar y necesitas un espacio seguro para aprender a regular tus emociones, te invitamos a conocer nuestras sesiones de psicología online.

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